lunes, 9 de febrero de 2015

Diario La Hora, Ribera de cristal

DIARIO LA HORA ARTES & CULTURA

Protagonista
‘Eso de las etiquetas me molesta’        

Share on facebookShare on bloggerShare on emailShare on twitterMore Sharing ServiceDomingo, 8 de Febrero de 2015
 Domingo, 8 de Febrero de 2015


POETA. Durante la charla en un parque de La Mariscal, en Quito.



Divisando la ‘Ribera de cristal’



Una neuritis le declaró la guerra a Juan Secaira Velástegui. El escritor quiteño se ha perdido ‘batallas’ en las canchas de fútbol, entre las redes del vóley y en las piscinas: el dolor no le permite excederse físicamente.

Por suerte, la guerra de la palabra –que es mucho más fuerte- no la perdió. Secaira, con papel y lápiz en mano, trabajó siempre en sus versos. Dice que ahora se dará un descanso, pero eso lo hace luego de presentar un nuevo poemario.

Se trata de ‘Ribera de cristal’, un libro tan violento como tierno. Sobre esta reciente obra, que fue publicada por Ediciones de Pandora (Tampa, EE. UU.), el poeta conversó con Revista Artes.


“Estoy enfermo también de poesía”, dice un verso de ‘Padre’, poema con que arranca el libro. ¿Para qué sanar de tremendo mal?

La poesía es una construcción y una destrucción del lenguaje. No se trata de caer en un artificio. Tengo un problema con las referencias, me gusta que no sean tan evidentes en los poemas; obviamente, las referencias están, pero no me agrada eso de etiquetar. Muchos están esclavizados por la dictadura del conocimiento y en el encasillar. No busco hacer un manual con el poemario. La gente se queda con el tema y no con el lenguaje. El que se encuentren con ‘Padre’, antes de cualquier prólogo, permite que el lector se acerque y vaya sacando sus conclusiones. A veces unas palabras preliminares sesgan y te matan antes de vivir. Ni siquiera te dan tiempo para enfermarte.


Juan Secaira Velástegui
Escritor ecuatoriano (Quito, 1971).

Ha publicado el ensayo ‘Obsesiones urbanas’, sobre la obra narrativa de Humberto Salvador, y los poemarios ‘Construcción del vacío’, mención especial del Premio Ángel Miguel Pozanco; ‘No es dicha’, Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade y ‘Sujeto de ida’.





En su poesía hay momentos de lucidez, otros de enfermedad, pero la mayoría rinden un tributo a la memoria. Esto da fortaleza a una visión que trata de realzar a lo que vendrá…

Con este libro me arriesgué hasta en dividirlo en cuatro partes y estos periodos que señalas están presentes. Parto del origen, del padre, quien aparece de forma continua, y puede vérsele como el dador del lenguaje. Lo contrapongo con el hijo, quien aparece en la segunda parte. Y, efectivamente, hay esa idea de lo que va naciendo. Ahí es donde aparecen mis hijas, que son mellizas, y por eso arranco las dos últimas partes con elementos como agua y fuego, algo con más calma y mayor energía, pero curiosamente los dos elementos purifican.

¿Considera que es su obra más madura hasta el momento?

Me parece que aquí estoy más sólido, mucho más riguroso, aunque sin dejar lo vital: el azar. Hay en mí un deseo de intercambio, de una comunión con el lector. En los otros libros me escondía un poco, en este pienso que me ha servido para salir más de mí mismo.

¿Cómo se camina por la ‘Ribera de cristal’?

Imagina a un doctor que no puede curarle al hijo. Esa es la relación entre mi padre y yo, pero no lo pongo como un drama. La poesía trasciende a uno mismo. Muchas veces te leen y se hacen la idea de uno y cuando te conocen se dan cuenta que tu vida y obra es distinta: la poesía debe superarte. Pienso que en este camino aparece la alegría, pero también te demuestra un fracaso, muy humano, que incluso puede llegar a ser reconfortante.

¿Camina todavía por esa ‘ribera’?

Sí, camino por esa ‘ribera’ que es muy fuerte, pero que a la vez se puede romper. El día a día de uno es duro: está la rehabilitación y el buscar los recursos para los hijos. Pero eso sí, no me quejo. El papel de víctima es el peor. Además, si tuviera todo no me dedicaría a la poesía.

El poemario no trata sobre poesía mística, aunque los conceptos de dios y metafísica están presentes…

De niño tenía una fe terrible. Era de los que por todo rezaba. Creía de una manera tenaz, después fui descreyendo. Ahora no tengo una religión, pero sí tengo una fe. La fe no es una debilidad, más debilidad hay en negarlo todo. No pienso en un dios que te da fórmulas para ser feliz. Pienso que negarle o decir que sí existe sería mucha vanidad. Hablo de un acompañamiento imaginario que te sostiene de la misma manera que lo hace la poesía.

Ud. escribe: “Sobrevivir es contar los latidos mientras se finge una sonrisa”. ¿Por ahora sonríe?

Sí, sonrío. Después de publicar el ‘Sujeto de ida’ anduve mal, todo se complicó, pero fui saliendo. Por suerte está mi familia: los hijos son como la poesía, ambos tienen un pulso vital.

También dice: “Escribir poesía para deshacer la novela de otros cuentos”…

Como decía, eso de las etiquetas me molesta. El que estén diciendo que tu obra es coloquial, hermética, barroca, etc., llega en un momento a perder sentido, que quien te lee saque su cuento, ¿no? Ahí regreso a lo que te decía de evitar el prólogo porque muchas veces como que te limitan a la hora de enfrentarte
con el libro.

¿Va a disfrutar de esta publicación o está trabajando en la siguiente?

Con el ‘No es dicha’, con el ‘Sujeto de ida’ y con ‘Ribera de cristal’ pareciera que se dio una trilogía. En un corto tiempo se fueron publicando, lo que no quiere decir que se fueron escribiendo en esa medida, porque una cosa es escribir y otra publicar. Siento que por ahora ya lo he dicho todo, no sé qué más decir. Me tomaré un tiempo para descansar, leer y después pensar en ir trabajando más poemas. No quiero sonar pretencioso, pero no quiero repetirme. Sería feo que consideren la obra de uno como una marca: imagina que digan ‘vean un poema de hospital’ y corran al Google y aparezca algo mío (risas). Quiero desencontrarme. No se trata de estar relajado porque la búsqueda es intensa: solo busco ir alejándome de esta ‘Ribera de cristal’. (DVD)





sábado, 7 de febrero de 2015

Ribera de cristal

Por Adrián Albuja



Saludos a todos los presentes, en esta noche me quiero referir a la “Ribera de cristal”, el último “hijo” de nuestro querido y conocidísimo Juan Secaira, quien a través de todos sus logros, la colección tan grande de premios que han tenido sus obras, y desde luego usando también aquellos versos publicados en Facebook de vez en cuando, nos ha hecho traspasar a un universo diferente, un universo “Secairiano”-como dice Pedro Gil- en donde la poesía se fusiona con la vida, y lo señala el mismo Juan diciendo en un fragmento de Padre:
-         “…ESTABA ENFERMO TAMBIEN DE POESÍA…”.
Desde luego que sí y se nota, los delirios se encarnan no solo en intrínsecas descripciones cotidianas, que extrañamente parecen relatar la vida del lector más que la del autor, sino también en propias manifestaciones carnales casi o más reales incluso que ustedes o yo.
 Y presentar este libro es como presentarlo al mismo Juan, lleno de alegría y compasión; de vivencias y conclusiones; abriendo la puerta al extraño y tendiendo la mano para evitar los odios de ajenos. Asimismo es la “Ribera”, un libro lleno de ternura y esperanza, así como de desolación e infortunios, lleno de amores y desamores, de árboles y concreto igual que nuestra bella ciudad.
A raíz de lo dicho, no volveré a mencionar al autor, puesto que es innecesario.
Un artista se inmortaliza por su obra, no por los detalles de su vida, y es importantísimo tener esto en cuenta.
Ahora nos interesaremos netamente por la “Ribera”.
Divido en cuatro partes diferentes, donde nos entrega una visión real y sólida de la vida; tan sólida que al instante de verla… nada más importa; y es ella misma quien se inmortaliza en nuestra esencia.
Encontraremos en ella el reflejo de nuestros más grandes temores, y aquellos impulsos humanos naturales a los que tememos tanto.
 Es el espejo de un loco, de un aguerrido, de un hermano, un padre y un quizá; es la perfecta colocación de versos seguidos, como de puñaladas al muerto, tan certeras y necesarias, cada una de ellas, para lograr su cometido.
Contiene sueños, vida, muerte, árboles, calles, gente, y pensamientos, que comienzan y terminan de dejar su bichito en tu cabeza, de “Secairizar” tu existencia, de convertirte en poesía.
Es por eso que no debería ser yo quien lo presente, sino la misma “RIBERA”, a continuación un pequeño fragmento:

Ribera de cristal (fragmentos)

Mi padre habla y se detienen las escenas en casa
Sufrir y gozar elegantemente sin mucho ni poco
Cocolón caliente café música
lo que dicte el amor
puentes donde alojarse
estaciones de bocas llenas.

Médico como yo dijo papá. No duré sino seis experimentos de espuma flex
y dos amigos peruanos de cerveza y charla amena

Hasta los 30 años hacer lo que se te antoje.
Después ya solo queda vivir en poesía.
Bromea mi padre y a carcajadas regresa a su consultorio.


Tratamiento (Fragmentos)

Terapia de consolación
hospitales juego y pinchazos
continuum caos encrucijada
rieles del recuerdo
rasgos se cubren para no herir manos apacibles
el humo cuece como tren en marcha.

En estado de poesía
suprimir por un segundo la gravedad abundante
de lo que resta
o separar el tren
del delirio
en su canto.

Después de esta autopresentación que se ha hecho, desearía ser breve y no ahondar más en detalles, pues de ninguna manera me gustaría influir en su apreciación o la de algún otro y seguramente mataría la ilusión propia de nacer, olvidados en la “Ribera de Cristal”, junto al amargo río que alimenta nuestra vida.
Pues al dejarnos llevar por esa voz poética, siempre tan crítica, agresiva, fulminante al paso, podremos entender por nuestra propia mano, lo que bien requiera el juicio; es necesario que no intentemos “interpretar”, esta obra, desde una posible perspectiva tomada por quien la escribió, sino bajo nuestra propia lupa, caso contrario no tiene sentido.
Es grato poder encontrarse uno mismo, ahogado dentro de un “MUTIS” severo, luego de verse bailando en el “RUIDO “de la calle , así la tenacidad, la continuidad de cada uno de los poemas, describen perfectamente con minuciosidad los momentos de un día “cualquiera”, para “quienquiera” de nosotros. Esa cotidianidad con la se nos presenta esta “Ribera” es lo que la hace tan deseada para el alma.
Es por eso, que exhorto a que todos nosotros nos entreguemos de lleno a los brazos de Juan, y nos ahoguemos en el mar de ideas propuesto, perdiendo por completo el falso sentido común que nos ha inculcado la sociedad. Porque al fin, la línea que divide la demencia de la cordura, es tan estrecha, que la cruzaremos sin darnos cuenta, la interrogante está en -¿Salimos de la cordura, o verdaderamente entramos ella?, porque esa cuerda floja ahora se tiende sobre la “Ribera de cristal”.
Gracias.




martes, 3 de febrero de 2015

Ribera de cristal

Presentación del libro Ribera de cristal

El poemario Ribera de cristal, del escritor ecuatoriano Juan Secaira, se presentará el jueves 5 de febrero de 2015, a las 19:00, en el Centro Cultural Benjamín Carrión (calles Jorge Washington y Páez).

El libro lo publica la editorial de Pandora, de Tampa, Florida, Estados Unidos, por considerar que la poesía de Secaira tiene enorme relevancia y merece ser difundida y apreciada no solo en el país sino también fuera de él.
La entrada al evento es gratuita y habrá un brindis de honor.

“La geografía poética de Secaira se dibuja a partir de la violencia particular de sus versos y como estos se tensan para forzar la palabra. Esta condición crea una resistencia que está presente en casi todo el libro pero que no se hace evidente cuando aparecen otros versos, cada vez mejor logrados, que evocan al cuidador de carros o a la paternidad, o a la enfermedad y al asco, o a un gran etcétera en medio de suspiros, risas y penas. El hilo poético, compinchado con un ingenioso ritmo propuesto por las aliteraciones, es como la sangre mezclada con el sudor; es decir, parece invisible pero útil para diluir, entre otras cosas, una serie de diálogos absurdos y de imágenes aterradoras que fluyen sin parar por su estética, que es un vicio. En Ribera de cristal se le puede ver la cara a sus libros anteriores, premiados, llenos de desplazamientos barrocos, pero también se le puede ver la cara al autor, especialmente en esos pensamientos que surgen de las lecturas y conversaciones mediadas por un ímpetu desesperante”, dice el escritor Esteban Mayorga en la contraportada del libro Ribera de cristal.




sábado, 24 de enero de 2015

No es dicha


Con Bertha Díaz, una persona brillante y auténtica, en la presentación de mi libro No es dicha, en Guayaquil, hace dos años. Muy buenos recuerdos porque la vida no es un instante aislado sino la suma de sus posibilidades.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Acerca de El Sujeto de ida…


Por: Adrián E. L. Albuja

Es el reflejo de una sociedad en todo su “esplendor”, o mejor dicho en su decadencia; es una obra en donde podemos vernos tal cual somos, desnudos frente a las conductas que aplicamos con tanta naturalidad, o peor aún, que vemos llenos de omisión y complicidad.
Algún amigo de Juan Secaira dijo una vez en una conversación: “…Para leer esta clase de literatura, como la que escribe Juanito, debemos seguir un curso aparte…”, y es que tiene razón (no en forma literal), sino que para leer al Sujeto de ida debemos convertirnos, y ser sujetos, porque uno se siente plasmado entre tus páginas, se ve cojeando moribundo frente a sus versos, encuentra un enlace entre la poesía y su vida de tal forma que evoca sencilleces y complejidades de forma cotidiana, como: el amor, el sexo, la aventura romántica, la desdicha, la frustración, una pintura, la universidad, etc.

Cosas que alguna vez viviste y tuviste pero no recuerdas, o no les prestaste suficiente atención hasta darte cuenta que compartes desgracias con un Sujeto de ida, y que lo que conocías con un nombre, verdaderamente tiene miles, y que puedes encontrarte en lo más simple como la descripción de un lienzo (LIENZOS), o sobre unas sábanas húmedas… no importa cuál sea la situación, simplemente estás allí con tu vida absoluta develada frente a la voz poética, y el tiempo en tu universidad, el desobligo natural, tiene un nombre, y tiene varios, y todos los tomas y los ves.

En sí mismo cada verso se va enmarañando de forma bizarra con una parte de tu vida, y con menos sentido del que parece tener te da un flechazo al alma y arruga tus pensamientos trayendo fases de tu vida en las que pensabas estar, y no estuviste; retorcido entre un verso y otro, intentas percibir la realidad que no es otra que la tuya misma, y te topas con tu desdén juvenil, y allí se abre una herida a la cual te prestas inocente y te dejas llevar por instinto de forma masoquista y cínica.

Y se contempla la muerte bajo las lupas de la humanidad, de una humanidad equívoca, incompleta y disfuncional, que sabe que tarde o temprano contribuirá al alimento de la tierra, pero que dentro de eso ve las bellezas depresivas de la vida.
Es algo difícil de comprender, pero a su vez provoca ese sabor dulce en la boca, que te indica lo bello, lo propio; para mí no fue intencionada la obra sin embargo me siento identificado como tal, como el sujeto de ida, y siento que cada verso fuese el revestimiento de mi vida, y fuese “…la máscara que usa la tristeza en las horas de visita…”, y la insignificante existencia, que realmente no sabes si fuiste, eres o serás, si estás o no, y si aún sigues siendo el que creías ser.

Leerlo es disfrutar de las cosas pequeñas que ofrece la vida, y deleitarse en tus errores e inconsistencias, que como ser humano estás lleno de ellas; es verte teniendo una eyaculación, verte tomando unas cervezas, exactamente igual que verte siendo tú mismo.
Si aceptas el reto de conjugar tu vida con la del Sujeto de ida, que inconscientemente lo aceptas al leer su primera página, debes saber que la invitación hacia el misterio, hacia esa necesidad oscura del SÍ, te absorberá por completo, y pasarán días, y seguirás en tus no muy ortodoxas prácticas, pero ahora con una estrella bajo tu brazo.

Sabes que lo material y tangible ya no tiene misterio, pues es ahí donde NO está la poesía; al contrario, es cuando todo eso tambalea y tus sentidos se confunden y mezclan con tus sentimientos y recuerdos, donde nace la poesía, llevándote al éxtasis, consumido por un verso, una estrofa, un poema, un libro.

Hay cosas dentro de esta obra que pensaste alguna vez y no te atreviste a decir por miedo a sonar arrogante o no ser “apropiado”, y después de volverlas a vivir y sentir, desde la visión del sujeto, sabes que estás en lo cierto, sabes que no eres el único en pensarlo, sabes que es estúpido pensar algo sin decirlo, sabes que esos arrebatados momentos de irreverencia son las garras de tu SUJETO y que solamente es una entrada para lo que se viene.

Es el clímax constante que nos ofrece Juan, de inicio a fin, esa tensión mantenida y no perdida, incansable, es eso lo que hace disfrutar de lleno la obra, sentirla, percibirla, y abrirle una herida enorme a tu cuello para sepultar una cita, y tatuar en tu alma alguna ridícula identificación de “IDA”.

En la complejidad demandada por el libro, si algún día alguien pidiera mi opinión acerca de él, (cosa que dudo mucho suceda, y si sucede no es algo que interese mucho, pues no soy yo el artista creador), podría decir que es simplemente maravillosa, excitante de principio a fin, rica en amor y desamor, dotada en expresiones del alma, que posee una sobredosis de vida, así como de muerte simultánea; podría yo decir que es la historia de mi vida, de su vida, y de la tuya; podría decir que simplemente la leas y te tomes tú el trabajo de opinarla, pues por más “Narciso” que seas, no podrás interpretar al sujeto sin serlo.

Si pudiera decir algo relacionado al libro, diría que lo tomes y no lo sueltes hasta que tus manos pasen a ser alimento de gusanos, y que lo releas cada semana, porque el Sujeto de ida tiene algo nuevo que darte, y algo nuevo que jugarte en la mente.

Es para mí el vicio de releer este libro cada semana.
Lo que puedo decir del Sujeto de ida: Toma el sentido fatídico mortal del hombre y lo deposita en un gran saco de basura como es el mismo hombre.



jueves, 21 de agosto de 2014

Luigi Stornaiolo

Con el maestro de la pintura
y de la vida
Luigi Stornaiolo.


Más allá y acá de discursos, homenajes
y retórica
si alguien puede ser considerado brillante y
genial
es Luigi
desde su obra pictórica
inigualable
hasta sus palabras
y actitudes
humanas, irónicas, cuestionadoras
reales.


Conocerle, escucharle, compartir
un poco del tiempo
que va y viene
ha sido único.


Un gracias
se queda corto
pero aun así
siempre gracias
por todo.
Un abrazo.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Sujeto de ida, palabras de Margarita Altuna



Es esencial leer novelas, cuentos y poemas que generan reflexión, que por un instante nos transportan a ese espacio descrito, dibujado con palabras, que nos hace sentir vértigo, ansiedad, pasión. Entre mis mejores amigos, inolvidables porque crecieron conmigo y me hicieron crecer están Crimen y castigo, Los siete locos, Un hombre muerto a puntapiés, La casa de cartón, Los heraldos negros, En la masmédula… y ahora Sujeto de ida, del poeta ecuatoriano Juan Secaira.
Treinta y un poemas dan vida a Sujeto de ida. Cada poema es una conjunción de elementos propios que sumados ofrecen un único resultado: la voz poética de Juan Secaira, una voz firme, aguda, observadora, minuciosa, singular, que estuvo presente en su libro anterior, No es dicha (Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade), y que en Sujeto de ida se reafirma.
Adentrarse en el mundo del Sujeto de ida es una verdadera aventura, y espero que sea para cada lector tan personal como la mía. Empiezo a leer y pregunto: ¿Quién es el sujeto? Yo, tú, él, ella, usted; la respuesta es difícil de digerir porque todos estos pronombres se personifican en el Sujeto de ida, un sujeto falto de juicio que camina por la vida sin historia, sin memoria, sin nombres, sin números de teléfono. Debe mentir para expandirse, para aliviar el dolor, la molestia, el amor; sin importarle la sentencia de la madre: “errar en minutos”, o la promesa del padre: “danzar con cuerpos de muerte”. Tiene encuentros fortuitos, con violencia, humo, “comunión de estropajos”, de seres sucios y vivos que habitan en una civilización enferma de una “enfermedad sin nombre”, que viven en el circo de la vida donde la “muchedumbre canta”, que son “Gente. / Máquinas”.
Al Sujeto de ida no le interesa reconstruir fragmentos, prefiere esparcirlos por la arena, “bien lejos para nada más encontrarlos en el siguiente / acabose”. Este acto convierte su existencia en un eterno retorno en donde la serpiente se muerde la cola. Volverá el acabose porque “la redención es inútil”. ¿Qué sucedería si sus actos no se repitieran?
El sujeto no es ni bueno ni malo, simplemente está vivo y pregunta “pero qué es eso: soñar es vivir, delirar, pensar, anhelar, odiar. / Vivir. O mal vivir, o sobrevivir”. Tiene tanta conciencia en medio de la inconsciencia y por un momento logra ser guerrero. Por fin consigue una unión sin muerte: “El deleite / inmune / reacio / vivo”.
Profundizar en el mundo del Sujeto de ida, poemario sinfónico libre, de lecturas independientes, es complejo, como el ser humano. El corpus, el poema y cada verso generan conciencia. ¿A dónde transportan estos versos? Se mueve, delira… Desaparecer entre la multitud desintegrada… Quien te quiere de da el primer tajo... El día es el anhelo de la voz… ¿Qué dice esta imagen? Diletantes frutos sujetos a árboles hundidos, en el lodazal del encanto… Qué ironía, juntos están adjetivos de placer, verbos y sustantivos de connotaciones imperfectas, deformes. Siempre están unidos lo blanco y lo negro sin maniqueísmo alguno. Este es el universo del Sujeto de ida, que desata un proceso de introspección que obliga a reflexionar, lo quieras o no.

Margarita Altuna
Catedrática de la Universidad de Tampa,

Departamento de Lenguas y Lingüística

lunes, 4 de agosto de 2014

PRESENTACIÓN POEMARIO “SUJETO DE IDA” DE JUAN SECAIRA, por Liyanis González / jueves 24 de julio 2014/ CCE


 Confieso ser extremadamente vulnerable ante el pedido de presentar un libro de poesía. Empiezo a divagar, a dispersarme en el enmarañado bosque del lenguaje, ineludible para comenzar la labor de escritura. Más cuando ese pedido viene de un poeta que admiro y aprecio, y que con sus textos me reafirma en la necesidad de entrar como una iniciada en los secretos más intangibles del ser humano, y por lo tanto, los más recónditos de su espíritu. Materia de la que está hecho el poemario “Sujeto de ida” de Juan Secaira.

Confieso, que ya había quedado deslumbrada con su libro “No es dicha”, y ahora al enfrentar “Sujeto de ida”, desde su título, la imagen de portada que re-matiza y da más fuerza al objeto, los epígrafes, hasta el último de sus textos, no me queda la menor duda que el poeta padece en cada poema. En Juan ese padecimiento es el movimiento que, desde su interior, proyecta la palabra a su máximo sentido, de tal forma que los enlaces encabalgan un sentimiento primigenio que el lector recibe inmediatamente no como vanidad, sino como exorcismo.

Con el binomio existencia-dolor como hilo conductor, “Sujeto de ida”, comienza con una especie de despedida-símbolo, para recobrar el tiempo vivido haciendo uso de la memoria afectiva del poeta, y que es el detonante en cada uno de sus textos mediante aquellas preguntas que no tienen respuestas, pero que construyen certeramente una vida que debe continuar tras el dolor, un viaje sin retorno sumergido en su conciencia. Me enfrentaba entonces ante un poemario de agudas aristas, donde la concepción de la poesía se enlaza con una fuerte y valiente defensa de la vida.

Cito: “Así ha sido esta enfermedad sin nombre. ¤ Así, sin preguntar ni pedir permiso. ¤ Pocos saben lo que es tener un brazo muerto ¤ La existencia nos lleva ¤ víctimas no somos ¤ solo extraños”. De esta manera la voz del poeta me hizo calar en sus versos como el frío o la humedad en los huesos, en su roce diario con la vida hecha de fricciones, limaduras dolorosas, rozaduras de la piel. Pidiéndome que entrara a ese espacio, donde el vacío no es la nada, sino la acumulación, el abigarramiento, la superposición de las trampas.

A medida que iba leyendo estos textos que no me pertenecían, los iba haciendo míos, y en ese centro que me reflejaba el autor, definía el corpus de cada poema, su poder de expresión, la fecundidad de su signo: “Sacrilegios de la memoria, asir el nombre, el cuerpo, el gemido, la extremaunción ¤ latido, veneno, ron en la mesa ¤ la oscuridad del huerto sembrado por dos cruces”. Exposición metafórica de búsqueda que implica la experimentación, el proceso, y el no crear límites a la evolución en la voz del poeta. Allí donde asume una postura fatídica ante sus versos, y en la relación con su lugar frente a la proyección de su mundo.

Sus confesiones se me iban desgranando poco a poco, y suelta aquello sin más: “Vanagloriarse, peor, de conquistas, de triunfos, de amores, de preludios ¤ de noches en donde el sexo se convierte ¤ aupado por las máscaras que recorren la piel.” Cada texto como la comunión permanente con el acto creador, donde el autor, sin permitirse desviaciones o fantasiosidad ligera que lo induzcan a escribir para complacer algo o a alguien, halla en la necesidad de comprensión de su realidad, lo palpable; y en esa aprehensión, nos conduce por un camino de imágenes y símbolos que nos traducen lo que va fermentándose en lo sucesivo de sus días y noches, como: “Permanecer estático porque las piernas no dan ¤ ceremonia de vértigo por dentro. ¤ Paulatina exactitud caótica ¤ en el miedo del equilibrio que falla por acumulación.” Circunstancias repletas de elementos crípticos que nos provocan un tono constante de resentimiento, de lucha, una batalla que el poeta debe librar a cada instante. Mezcla equilibrada entre sensación, expresión y comunicación; y entre esos conceptos, aparece el más desconcertante de todos sus hallazgos: el viaje de ida. Sentencia estremecedora para resistir en su altar del yo-sujeto bajo la tutela de un dolor que no cambia de rumbo, y que se le atrinchera como un maleficio. De ella no hace voto por la pena, la causa eximente, libertad que se encumbra cuando se sobrevive al desdén y la desidia.
                                            Juan Secaira y Liyanis González Padrón.

Y desde la otra arista, Juan, con una voracidad profanadora, nos advierte: “La redención es inútil, germen de capillas semivacías. ¤ Ático de las imploraciones. ¤ El confín donde se esconde dios”. Lenguaje condensado en el hecho poético para mostrarnos al hombre sin rúbricas ni ceremonias, dispuesto a sajarse en el purgatorio. Ejercicio para soportar la existencia, la tonsura ante el cuestionamiento de la fe muerta, replanteo de intersticios cuando alude a: “Sujeto convertido en obituario químico desplazado al rincón de las telarañas ¤ pelusa ¤ moho”, para trashumar, adherirse a lo inevitable: su concesión, su abstinencia.

La poesía de Juan trasciende lo doméstico sin ser domesticada, transita la casa, recorre el itinerario preestablecido por la cotidianidad, a ratos paternal como un arrullo lírico a los hijos, al padre, al abuelo. Es allí donde los duros bordes de su realidad se difuminan en momentos en que sus versos se vuelven luminosos y visionarios. Tras ese deslumbramiento desfilan las calles de su ciudad, los bares, la cancha de futbol, los campanarios. Indagación existencial que a lo largo de todo el poemario va creciendo, haciéndose más evidente; retorna, raspa, busca y anega.

Discurso no construido desde el artificio, la pirueta, el arabesco estéril, sino desde el riesgo y la desnudez. “Tensar el arco, cavar la tumba, aguantar el cielo ¤ La flecha escoria la tierra húmeda ¤ Va el humo al mismo incierto lugar que la añoranza.” Experiencia de vida lacerante que se concentra y se agota en el propio acto de la escritura. Complicidad con la que el poeta pasa, se detiene y mira, se asoma, se entromete y atisba en el lienzo del texto.

Juan Secaira es un poeta de energías. Su voz es aquella que no sopesa su propio idioma, sino que lo decanta, lo recrea, lo vivifica, y muestra de ello es este libro “Sujeto de ida”, táctil, vivencial, que habla de la coexistencia con lo doloroso que implica el vivir, que nos aumenta las interrogantes como vertientes abrasadoras, en donde su esencia imbrica connotaciones de una poesía surgida por el padecimiento. Un autobombardeo en la mesa donde proyecta tanta sensibilidad, un haber atmosférico interior, semántico, descarnante.

Al final se impone el recuento, la memoria. No hay culpables, tampoco la enfermedad, solo si existiera la ingenuidad humana ante la creencia de lo imperecedero, antes del golpe final, antes de que se produzca la epifanía de la existencia breve. Porque es frase certera, y Juan lo sabe, que “El hombre ha de sufrir siempre los días que conquista.”




viernes, 1 de agosto de 2014

Sujeto de ida, por Silvia Stornaiolo


“Para escribir solo hay que hacerlo, no parecerlo”.  

Siento que ese debería ser el lema de Juan, a quien imagino en su escritorio escribiendo salvaje y desesperadamente, con el que me encuentro caminando a mediodía por la Amazonas de las manos de sus hijos, que los acaba de recoger de la escuela; con quien las conversaciones no tienen tiempo ni ganas de acabarse cuando vamos por una cervecita al restaurante griego.

Del momento de la pasión, de eso se trata este libro Sujeto de ida, de esa espera dramática, de un abrazo.

La ansiedad, las máscaras, la avidez, los caprichos y antojos son sus aliados, también la pena, pero eso sí, sin afán de víctimas, eso bajo ningún concepto. Conozco a Juan hace ya algún tiempo y sé que su lucha va por otro lado, se va hacia lugares donde puede renacer constantemente.

Su poesía es aguda, está sólida y plantada, se siente un pisotón en el momento de terminar cada uno de los treinta y un poemas que dan vida a Sujeto de ida, como para ponerse firme ante el siguiente, simplemente no hay descanso ni siquiera cuando terminas el libro, te deja sembrada la posibilidad o el finiquito en imágenes impetuosas y efervescentes.

La inocencia de Juan es una jugada sucia, se entrevé de soslayo, entrelíneas y cuando crees que te vas a encontrar con ella, cae el hachazo del atropello, del delito, del ido, de este sujeto que te está llevando al quiebre página a página y con descontrol.

Cito a Juan:

Portada: Luigi Stornaiolo.



Promesa del padre en mandil y estetoscopio: danzar con cuerpos de muerte.


Frases estremecedoras como esta –que rebosan en Sujeto de ida– nos devuelven a la necesaria soledad, a obedecer al sentimiento, a escaparnos de este mundo horrible lleno de gente, a darle finalmente el tiempo que se merece el desamparo.